José  Ramón Álvarez Ruiz-Huidobro

José Ramón Álvarez Ruiz-Huidobro. Cinturón Negro 7° Dan

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Reflexiones y opiniones de los alumnos

Esta sección está dedicada a los alumnos de la Escuela de Karate Okinawa, con el fin de que ellos mismos puedan reflejar opiniones o reflexiones personales basadas en su propia experiencia o vivencia acorde al tiempo de práctica en karate, a la edad o a la capacidad de expresarse de quien lo expone.

LAS OPINIONES AQUÍ EXPRESADAS SON EXCLUSIVAMENTE DE LOS ALUMNOS, NO TENIENDO NECESARIAMENTE QUE COMPARTIRLAS EL PROFESOR, EN CUALQUIER CASO ÉSTE DEJA LIBERTAD DE CRITERIO SIEMPRE QUE SE HAGA DE FORMA EDUCADA, OTRA COSA BIEN DISTINTA ES QUE SE ESTÉ DE ACUERDO O NO CON ELLAS.

¿Le llamo a esto karate?

Apenas era una niña de 7 años, pequeña y gordita, cuando me introduje por primera vez en este mundillo del karate. La iniciativa surgió principalmente de mi padre a quien siempre le encantó este arte marcial. En un primer momento, nuestra intención era hacer un "deporte" con el que poder mantener un poco la línea y aprender, al mismo tiempo, un método de defensa, pero mi actitud perfeccionista y meticulosa a la hora de hacer las cosas hizo que se fijaran en mí como una futura buena competidora. Tras proponernos las expectativas fijadas, el número de horas de entrenamiento comenzó a aumentar considerablemente. Quizás el motivo por el que aguanté la presión a la que empezaba a estar sometida a esta temprana edad fue la actitud de comprensión y cariño que me mostró mi primer maestro José Luis Prieto González, persona a la que tengo un especial cariño y a quien debo la buena base que adquirí en mi primera época en el Colegio Público José Bernardo, y gracias a quien conseguiría posteriormente muy buenos resultados.

La participación en las competiciones finalizaba realmente con unos resultados positivos, lo que hacía que las metas se situaran cada vez más altas. Lo que en un principio se había planteado como una nueva experiencia, ahora se estaba convirtiendo ya en algo más, algo con lo que todos disfrutábamos pero que requería muchas horas semanales de duro trabajo, tiempo que por otro lado debíamos quitarnos de jugar o de dar un paseo con nuestros padres. La consecución de todos estos resultados conllevó mi traslado hacia un Gimnasio cuyo nombre prefiero omitir , donde las horas de entrenamiento si que aumentaron, hora y media o dos horas diarias era lo que debíamos trabajar si queríamos mantener nuestros altos resultados en las diferentes competiciones.

A partir de aquí, comenzó una nueva etapa en la que los objetivos se vieron ampliados, ahora ya no valía ganar un campeonato de promoción y llevarse una gran alegría sino que había que ganar los campeonatos oficiales de Asturias y los cuales eran clasificatorios para el Campeonato de España. Esto ya era más duro. No sé como ni por qué razón iba siempre ganando todos los trofeos de promoción y cuando llegaba el Campeonato de Asturias, ¡pum! cuarta clasificada. Esta fue la época en la que empecé a comprender que no sólo la fuerte predisposición para el trabajo era razón y motivo suficiente como para ganar un campeonato sino que existían claros intereses entre los propios profesores que ocupaban los altos cargos políticos dentro de la Federación y los cuales se hacían favores los unos a los otros. Con esto no quiero decir que todo el mundo que ganaba no se lo mereciera pero había alguna gente que realmente daba pena y, sin embargo, en los Campeonatos oficiales se pasaban por delante de otros, que a mi parecer, eran mucho mejor que ellos, por el simple hecho de pertenecer a un gimnasio cuyo dueño ocupaba un alto cargo político. No obstante, en ese momento y como una niña de diez o doce años que tenía intentaba una y otra vez el mismo objetivo, pero siempre me daban candela. Por culpa de todo esto, cuando cumplí aproximadamente los trece años yo pensé que si adelgazaba un poquito quizás consiguiera moverme de una manera que resultara más atractiva a la vista de los árbitros ya que todas mis rivales eran niñas delgaditas, lo que conllevó que cayera enferma y entrara en un proceso de anorexia nerviosa del que me costó bastante tiempo salir. A partir de este momento, empecé a comprender que no merecía la pena todo ese esfuerzo por ganar, ganar y ganar si después por esa causa caía enferma y entonces si que ya no podía ni ganar, ni lo que es aún peor, vivir feliz ya que llega un punto en que no tienes fuerzas ni ganas de hacer nada, te pones de muy mal humor y empiezas a atacar y a odiar a todas las personas que intentan ayudarte y quienes en esos momentos piensas que lo único que desean es fastidiarte.

Posteriormente, a partir de los 15 ó 16 años, me fui poco a poco desvinculando del mundo de la competición. Sí que participé y gané algunas competiciones a las que me presenté por pasar un rato agradable con la gente a la que había conocido a lo largo de todos esos años atrás, pero no proponiéndome a partir de ese momento ningún tipo de objetivo a cumplir sino más que la mera diversión. Para conseguir esto me vi obligada a cambiar el chip con el que había funcionado durante tanto tiempo, lo cual me costó bastante, todo hay que decirlo, pero el esfuerzo que dedicaba todo el día a preparar competición preferí destinarlo a aprender karate de verdad, no karate deportivo, porque nada tiene que ver el karate con eso que yo había hecho hasta el momento.

La verdad es que yo siempre había estado cegada en que lo que yo conocía era lo único e irrepetible y que el ganar competiciones iba asociado al ser mejor o peor karateca, pero a lo que realmente va asociado es a ser un mejor o peor competidor, lo cual para mí ahora ya no significa demasiado porque yo por ser una buena competidora había renunciado a saber karate, a saber defenderme y a comprender la verdadera filosofía de este arte del que la mayoría de los buenos competidores desconocen muchas, muchas cosas.

En la actualidad, yo dirijo un grupo de competición de 15 niños aproximadamente en el Gimnasio Okinawa, pero les planteo las clases de entrenamiento tan sólo dos horas a la semana. No quiero que los niños se lleguen a agobiar por cuestión de las competiciones. Sí que me gusta cuando alguno de ellos gana una medalla o una copa, mentiría si dijera lo contrario, pero no les dejo anteponer para nada las clases de competición sobre sus horas reales de entrenamiento. Si alguno, con afán de más entrenamiento me pide entrenar más horas aparte, sí que lo hago pero siempre y cuando me prometan que el perder o el ganar no va a ser lo único para ellos sino que lo van a tener como una mera práctica para aprender y mejorar pero no sólo cara a una competición sino cara a futuro cinturón negro y a una mejoría de su ser como persona. Otra de las cosas que les tengo planteadas es que la rivalidad y afán de superarse es bueno, pero siempre y cuando no se lleve a extremos. No me gustaría ver a estos niños que insultan o se enfadan con otros por el hecho de perder ante ellos o que se burlen de los mismos si es que les ganan, lo mejor y en lo cual me encuentro trabajando es que desarrollen el compañerismo ante todo y que ganen o pierdan ellos seguirán siempre siendo mis alumnos, amigos y personas a las que yo brindo mi respeto y a quienes doy las gracias por haber confiado en mi trabajo.

A todos aquellos que puedan estar leyendo este artículo gracias por haber dedicado estos minutos en conocer mi opinión acerca de este mundo del karate tanto deportivo como tradicional, y espero que entre todos logremos cambiar esta mentalidad tan competitiva que se está creando entre los más pequeños ya que si no todos ellos acabarán siendo adultos egoístas y egocéntricos que encontrarán muchas dificultades para desarrollarse como personas, lo cual conllevará, en un fututo, la destrucción de la mayor parte de las relaciones personales. Esto es posible transmitirlo a través del karate porque analizando pormenorizadamente el mismo se puede observar que es en cierto modo la vida misma.

Autora: Vanesa García Pérez

2º dan de karate

Maxi (El Chigreru)

Me llamo Maximino y tengo 44 años. Practico karate por segundo año. Todo empezó por casualidad. Un día fui al gimnasio con mi hijo porque quería apuntarse para hacer pesas, y le acompañé para hablar con el director del gimnasio. Entonces le pregunté que podía hacer yo, una persona de 43 años que en aquel momento llevaba una vida bastante sedentaria y que no hacia ejercicio físico hacía ya muchos años. Entonces él me dijo que hiciese karate, yo un poco acojonado, le dije, que como iba a hacer karate a mi edad, a lo que él me contestó que el karate es un arte marcial que se puede practicar a cualquier edad. Yo no muy convencido le dije que como llevaba mucho sin hacer nada, primero iba a ir al gimnasio a hacer un poco de bici, pesas y esas cosas que se hacen, para ponerme un poco en forma. Empecé ha hacer mis primeros pinitos, con migo iba Jesús, un compañero que en ese momento ya hacia karate también y me habló mucho sobre este deporte, algunas veces mientras estaba haciendo mis tablas de ejercicios coincidía con los chavales y chavalas que iban al Tatami a hacer karate, los veía entrar contentos y salir más contentos todavía, eso me daba un poquito de envidia sana, y yo pensaba porque no podía intentarlo, igual encontraba esa satisfacción que veía reflejada en las caras de esos jóvenes y algunos mayores como yo. Me decidí, fui a hablar con el profesor, le dije que me gustaría probar para ver si era capaz de aguantar los entrenamientos. El me dijo que encantado, que fuese a algunas clases sin compromiso alguno, y así empezó todo. Fui a hacer la prueba y me quedé, me gustó me encandiló, creo que fue el descubrimiento más importante para mi persona en los últimos años, disfruto de lo lindo en las clases, y cuando salgo me encuentro francamente bien, me siento mucho más relajado más sereno, más ágil, más vivo en definitiva, porque en realidad creo que lo más importante que me aportó el karate fue vida. Trabajo en un bar y la gente de mi edad me dicen que estoy loco, que eso es para los chavales, que como a mi edad voy a hacer tal cosa; pues están equivocados lo puedo hacer y encima salgo muy beneficiado de ello. Tengo que decir que por ese tiempo también empezó a clases mi hermano Higinio 2 años más joven que yo, por las conversaciones que tenemos puedo decir que siente las mismas vibraciones positivas que yo. Hablamos del karate como arte marcial, y el karate como filosofía , que esa es otra, los beneficios mentales que la filosofía del karate puede aportar a tu mente, yo por lo menos así lo experimento.

En definitiva he de decir que me encuentro muy contento practicando karate y espero que la salud me permita poder disfrutar de ello mucho más tiempo.

Algo que no puedo olvidar, es decir que además del karate hay una persona que tiene que ver mucho en todo esto, creo que tiene un merito importantísimo, y que probablemente nunca se lo agradezca todo lo que se merece el SENSEI (maestro-profesor) o tal vez el amigo Ramón. Por tanto, gracias Ramón por haberme abierto las puertas de este mundo tan fantástico que es el karate.

También me gustaría invitar a aquellas personas que sientan inquietud por este arte marcial, a que lo intenten seguro que no se arrepentirán.

Un saludo a tod@s mis compañer@s y aficionados en general al karate.

Maxi

Ángel

Hola me llamo Ángel Fernández Miranda, voy al Colegio El Bosquín y tengo diez años. Empecé a Karate porque hicieron un cursillo. Lo que más me gusta son las competiciones de kata y empecé a karate con blanco y ahora tengo verde azul y pienso seguir en karate hasta que sea viejo mi maestro. Ramón me aprende mucho y es muy bueno y pienso ser profesor de karate cuando sea mayor y espero llegar muy lejos en karate y voy a ser tan bueno como Ramón y espero que tenga muchos cinturones más. Hasta pronto, me despido con un beso.

Ángel Fernández Miranda

10 años - Cinturón verde-azul

El Víctor

Me llamo Víctor y tengo 22 años, practico Karate desde hace 14 años, mi primer año en este bello arte no fue tan bello como debería haber sido debido a que me encontré con un profesor no muy de mi agrado, por decirlo educadamente, esto me hizo querer dejarlo, pero siguiendo el consejo de 2 vecinos y amigos, fui a conocer a un profesor llamado Ramón que por lo que me decían era "la ostia".

Fui a conocerle, vi una clase y la manera de tratar a los alumnos y la relación entre ellos era mucho mas agradable y, francamente, a un niño, como era yo por aquel entonces, lo que le interesa es pasarlo bien y no tener a un profesor "cara perro" que sólo atiende para los que, a su manera de ver, podrían ser buenos karatekas.

A sus ojos sólo podrían ser buenos karatekas aquellos con cualidades para la competición, si se me permite una opinión personal yo diría que es porque quiere ver en sus alumnos todo lo que el no tiene.

A la semana siguiente de hacer la visita al nuevo profesor comencé la practica en su gimnasio, a pesar de que yo era un niño muy tímido enseguida me hice amigo de los compañeros. Con el paso de los años los compañeros fueron evolucionando a amigos hasta el punto de poder decir que mis mejores amigos los hice "a puñetazos". Otra evolución notable fue la de Ramón que pasó de ser simplemente mi profesor de karate al que veía 3 horas a la semana a ser un maestro con el que ir a cursillos y finalmente a ser un Sensei-Amigo, una persona a la que se la tiene el máximo respeto dentro del tatami y la mayor confianza fuera de éste, pudiendo ir con el tanto a hacer un kangeiko (entrenamiento de espíritu) como a una cena o a tomar unas botellas de sidra no como si fuese uno mas de los compañeros sino siéndolo.

Esas no fueron las únicas evoluciones que pude apreciar, ya que fui notando una evolución personal, esta evolución es difícilmente descriptible es una sensación de bienestar que se siente durante y después de las clases y que sin duda alguna experimentan todos aquellos que un buen día se quitan de encima esos prejuicios de el que dirán o el que pinto yo ahí. Además de esta sensación que menciono también noté un cambio en mi salud, ya que yo de niño me ponía enfermo muy fácilmente, me tiraba largos periodos en el hospital y desde que empecé la practica del karate las veces que he tenido que asistir al medico se cuentan con los dedos, puede ser que esto sea una mera casualidad, pero yo no lo creo así.

En todos estos años de karate fui superando las metas que me iba marcando, saqué el 1er Dan por la Federación Española de Karate, luego con una gran ilusión me presenté y aprobé el curso de preparadores organizado por la Federación Asturiana de Karate y ahí fui conociendo algo hasta aquel momento desconocido para mi, porque si bien aprendí cosas muy útiles de buenos entrenadores (atención que digo entrenadores y no maestros) también empecé a ver algunas cosas que no eran de todo mi agrado.

Unos meses después viajamos a L'Eliana un grupo de alumnos con mi profesor a asistir a un cursillo del Sensei Kase (a este no le llamo entrenador, por algo será esa distinción) allí nos examinamos unos cuantos compañeros para 1er Dan de la, por aquél entonces, World Karate Shotokan Asociation (WKSA) que a día de hoy recibe el nombre de Shotokan Ryu Kase Ha (SRKH) y fui descubriendo una manera de trabajar y de ser de las personas que aunque, como en todos sitios, hay gente que merece la pena y gente que no, al realizar el balance éste me resultaba mas positivo que en el de la FAK, ya que su objetivo en el karate es mas parecido al que yo tengo que el de la federación.

Ahora he obtenido el 2º Dan por esta asociación y a todos aquellos que piensen que estos grados no tienen validez alguna (ya que no sería la primera vez que me lo dirían) les puedo decir que la validez que tiene el grado es la que tu mismo le des.

A día de hoy entreno cuando el trabajo y los estudios me lo permiten, sin estar afiliado a nadie excepto a mis amigos y a mi mismo.

Para quienes puedan pensar que estas ideas que tengo están inculcadas por mi Maestro (ahora si que digo Maestro) después de haberme hecho un lavado de coco les quiero decir con mi mayor afecto y amabilidad: PIENSA EL LADRÓN QUE TODOS SON DE SU CONDICIÓN.

Víctor

Covadonga

Hola me llamo Covadonga, y empecé a ir a Karate porque mis padres querían que aprendiera una actividad deportiva. Empecé con 6 años y ahora tengo 11.

Soy cinturón azul y me gusta el Karate porque hago ejercicio, amigos y aprendo a respetar a los demás. Con el tiempo me gustaría conseguir el Cinturón Negro y también llegar a saber tanto como mi Sensei Ramón.

Covadonga Moreno Laruelo

Opinión de un alumno veterano

Ante todo quiero dar las gracias a mi profesor de Karate José Ramón, por la oportunidad que me brinda de dirigirme a Uds. Para hablar de la pasión y afán de superación que mueve a todo practicante de karate a lo largo de su continua aprendizaje. Mi particular historia comienza a principios de 1986 a la edad de 9 años, cuando por iniciativa paterna comienzo a recibir clases de karate en el Instituto Virgen de Covadonga de El Entrego.

Tengo un recuerdo muy grato de aquellos primeros años en los que poco a poco se fue consolidando en mi una gran afición por este arte; A lo largo de todo este tiempo el karate me ha formado como persona y me ha transmitido una gran seguridad y confianza en mis posibilidades, además de un gran afecto y amistad por mis compañeros. Por ello nunca podré agradecerle lo suficiente a mi padre, el apuntarme a karate cuando era niño, y por ello animo a todos los padres a que hagan lo propio con sus hijos. Siempre he sido partidario de inculcar a los niños desde pequeños la afición por cualquier deporte en el que se sientan realizados, para así desarrollar mejor su crecimiento.

El karate en los niños despierta sus aptitudes físicas y les inculca, entre otros valores como la amistad y el respeto por sus compañeros y el profesor, el autocontrol de su personalidad y a no hacer mal uso de las enseñanzas recibidas. Con el deseo de que esta exhibición de karate sea todo un éxito de público, solo me queda felicitar a todos los participantes por su exclusiva dedicación en los entrenamientos y a ustedes por su participación en este acto a favor del deporte.

Autor: René Fernández Cancio

Javier

Me llamo Javier y voy al colegio público El Coto, empecé a Karate con cuatro años en El Coto porque era muy tímido.

Ahora voy al gimnasio Okinawa tengo el cinturón verde/azul . Tengo dos profesores Ramón y Vanesa. Gracias a ellos aprendí muchas cosas y mejoré.

Autor: Javier Llaneza Zapico 9 años

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Obra registrada en el Registro de la Propiedad Intelectual

del Principado de Asturias

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Número de asiento registral: 05 / 2003 / 321

Título: Kata Integral

Autor/es y titular/es originarios de los derechos:

Álvarez Ruiz-Huidobro, José Ramón

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Shotokan Karate Do Asturias - Dojo Okinawa

Avda. de la Vega N° 81 bajo - 33940 El Entrego (Asturias) - España

Móvil: 608 24 72 42 / Email: okinawa_ramon@hotmail.com

Desarrollado por Peak Level y adaptado por Incicop S.L.L.