José  Ramón Álvarez Ruiz-Huidobro

José Ramón Álvarez Ruiz-Huidobro. Cinturón Negro 7° Dan

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Estilos o escuelas de karate

Los herederos

Los discípulos directos de Funakoshi fueron: Makoto Gimma, de Okinawa; Hironori Otsuka (1892-1982); Genshin Hironishi (el maes­tro de Kase); Shigeru Egami (1912-1981) maestro de Kamata, Oku­yama, Tsutomu Oshima y Harada); Chojin Kuba, Giko Funakoshi, Chotoku Maegusuku (estos tres últimos, de Okinawa); Yoshikata Funakoshi, Shimoda Takeshi, Isao Obata, Kugiyama, Tatsuo Yamada, Hiroyuri Konishi; Seicho Takagi (maestro de Masatoshi Nakayama, Nishiyama y Ozaki); Saeki (maestro de Kimio Ito); Hiroshi Noguchi (maestro de Kamata, Okuyama, Tsutomu Oshima y Harada); y Yoshida.

Los nombres más conocidos en el extranjero, como Kase, Oshima, Harada, Nakayama, Nishiyama, son alumnos de la segunda generación, y ya expresan tendencias diversas. Un capítulo aparte ilustra el tra­bajo desarrollado por Otsuka con el Wado-ryu; a Continuación, damos algunas informaciones sobre el Shoto­kai.

Shigeru Egami (1912-1981) conoce a Funakoshi en Waseda y se convierte rápidamente en uno de sus mejores alumnos. En 1935 se crea la asociación Shokotai para ayudar materialmente al maestro. En la posguerra, Egami se convierte en asistente de Funakoshi. Un año después de su muerte, Hironishi se convierte en presidente de la Shoto­kai y Egami en jefe instructor; madura sus propias convicciones técnicas, pero sobre todo expresa el desacuerdo con la ideología de la JKA., que se está alejando peligrosamente de sus orígenes.

Por ejemplo, Funakoshi efectuaba oi-tsuki en desconcentración, y muchos sugerían que era a causa de su edad avanzada. Además, Egami compartía la opinión de que el karate-do era ajeno a las competiciones. Llevó su estudio hacia posiciones muy bajas y sin contracción ("El espíritu va más allá de los límites del cuerpo"), imponía el no retroceder y emplear el sen-no-sen, "la intuición que anticipa" irimi>; concebía el jiju-kumite como la búsqueda de armonía entre dos hombres, y no como el deseo egoísta de vencer al adversario.

El goju-ryu japonés

Chojun Miyagi se encuentra en el origen del goju-ryu, que deriva directamente del Naha-te de Higahonna. Pero hoy hemos de considerar esta escuela dividida en dos ramas principales; la japonesa y la okinawesa, polémicamente divididas entre sí. Miyagi era bajo y robusto, con una mirada penetrante, era calmoso y modesto. Jamás aceptó desafíos ni hirió al adversario. En 1924 asistió a la demostración de judo de Kano y Nagaoka en Okinawa, y fue invitado a corresponder con una demostración de su arte.

Llegó al Japón en 1928, primero a la Universidad Imperial de Kyoto y después a Kansai, en Osaka, pero fundó oficialmente su organización a su regreso a Okinawa en 1952, escasamente un año antes de su muerte. Había nacido en 1887, pero por un error en la inscripción en el registro figura el 1888.

Seki chi Toguchi, del goju de Okinawa, que tenía 36 años al morir el maestro, resumió las enseñanzas en esta forma:

- Te-chikate-mani, práctica de los kata fundamentales, a los que el maestro añadió los fu-kyu, equivalentes a los tai-kyoku y a los heian-pinan de otras escuelas.

- Bunkai, ejecución en pareja de las técnicas del kata.

- Te-uchi-mani, ejecución libre de técnicas predeterminadas y elegidas por los practicantes.

- Ikukumi, combate libre, pero en el que el practicante más adelantado se limita a defenderse.

Dejó a Seiko Jga como discípulo externo, de quien descienden en el orden, el nipón Izumigawa,Ichi­kawa y Tadahiro Otsuka; después, Meitoku Yagi, discípulo interno, maestro de Eiichi Miyazato; y Gogen Yamaguchi, llamado "el Gato", que es el guía de la más importante asociación goju del Japón y del mundo. El coreano Masutatsu Oyama, creador del Kyokushinkai, ha aprendido los kata del primer alumno de Yamaguchi, cierto Chu Sonei, y los ha conservado en la escuela íntegramente y sin modificación importante alguna. Tanto Meitoku Yagi como Eiichi Miyazato, en Naham, rechazan la Evolución del goju japonés, para mantenerse fieles a la tradición. Mi­yagi Takagi, hijo del fundador, enseña en Tokyo, pero reniega del espíritu shinto del padre.

Esta es, sintéticamente, la herencia del goju dejada por Miyagi. Pero la personalidad máxima del goju actual es Yamaguchi, jefe de la escuela de la rama japonesa. Gogen Yamaguchi nació en 1909, en Kagoshima; se inicia en el judo, después pasa al Kendo del maestro Toshiaki Kirino, de la tradicionalísima escuela Jigen, considerado capaz de cortar una gota de agua cayendo y volver a envainar antes de que las salpicaduras toquen al suelo.

En una época en que el karate aún no se había extendido en el Japón, Yamaguchi logró ser aceptado como alumno de un tal Maruta, carpintero naval llegado de Okinawa. En su primera juventud, pasaba las tardes manejando la espada y, por la noche, estudiaba puñetazos y patadas, con intervalos dedicados a la meditación, inspirados en el shinto y el budismo.

En la Universidad Titsumeikan no existía todavía el karate y Yamaguchi eligió practicar el sumo; en 1931 logra, finalmente, en Tokyo, ser aceptado por Miyagi, que logra moderar el carácter fogoso del joven. Acaba en Manchuria durante la guerra, donde se relaciona con maestros de kempo, pero aún se ve obligado a medirse en duelos mortales; hecho prisionero por el Ejército Rojo, en los campos de prisioneros experimentará el valor de meditación y la práctica del ki para resistir el dolor y las privaciones. De vuelta al Japón en 1947, insiste en que la práctica del karate ha de estar unida a la vida espiritual y, para dar ejemplo, medita cada mañana y repite sanchin bajo las cascadas del monte Kurama e invoca a los Kami con las plegarias tradicionales. Se convierte en Surami (practicante del yoga con alta iniciación) y en sacerdote shinto. Sus cinco hijos (tres varones y dos mujeres) son karatekas de alto nivel.

En general, todo el goju-ryu recuerda el kung-fu meridional (la "Mantis Religiosa", la "Grulla Blan­ca"), con posiciones poderosas y firmes (Sanchin-dachi), alternadas con guardias móviles (nekoashi-dachi), paradas circulares y contacto de las extremidades superiores, como en el wing chun chino. La respiración es ventral y sonora (ibuki), y facilita el encaje de los golpes, tonificando y reforzando todo el cuerpo.

En el estilo practicado en el Japón se perciben las influencias del yoga. El goju de Okinawa reprocha a su colega japonés enseñar excesivamente pronto a los alumnos la respiración y la potencia del ki.

Los kata fundamentales del goju­-ryu son, en la actualidad, doce: geki­sai 1 y 2, los únicos creados por Miyagi (todos los demás son de origen chino), contienen técnicas de base a corta o larga distancia; sanchin, sei­san y suparumpel provienen de juha­chira kanken, el estilo de los 18 Budas; el primero enseña la posición, los desplazamientos, el puñetazo, la respiración larga y la contracción muscular; el segundo y el tercero son kata para la fuerza y la precisión.

Otros kata son: tensho, sobre la utilización de las manos, la respiración corta y la extensión; saifa, paradas y ataques con un solo brazo; sanseru, paradas y ataques con los dos brazos; seienchin, seishochin, seipai y kururunfa, efectuado con agilidad (ju-no-kata) para golpes sobre puntos vitales (atemí), palancas articulares, proyecciones, llaves e inmovilización (las cinco técnicas de combate con las manos desnudas, o ta­jitsu-guji; un cierto número de estos kata deriva hakutsuru-ken, el estilo chino de la "Grulla Blanca".

No se practica, en cambio, koshi­ki-naifan-chi, que Higahonna dividía en tres partes (shodan, nidan y san­dan), pero se lo reconoce bastante en los tekki del Shotokan y del Shito­-ryu (es decir, en el Shoryn-ryu mo­derno). Nacido entre los escollos y las barcas de los nampa (grupo de estilos chinos llamados "Barco del Sur"), este kata exige desplazamientos característicos. Su posición fundamental, naifanchi-dachi, es una variante del Sanchin-dachi, y no comparte nada en absoluto con el kiba­dachi del Shotokan que, a través del Shury-te, recibe la influencia de los hoku-ha (grupo de estilos chinos llamado "Caballo del Norte"). A modo de inciso diremos, ya que puede ser interesante saberlo que kiba-dachi significa "posición del caballo", y no "del caballero".

Shito-ryu

Kenwa o Kenshin Mabuni (1889-1957) era el decimoséptimo descendiente de Onigosuki, un célebre guerrero. De constitución bastante grácil, inició la práctica del Shuri-te con Itosu, encontrándose con que era sempal (el alumno más anciano) de Funakoshi. Estudió Naha-te con Higahonna y las armas del kobudo con Aragaki; siguiendo el ejemplo de Funakoshi y de Miyagi que lo habían precedido, se trasladó al Japón, a Osaka, en 1929, fundando el Yoshukan y dando un nombre a su enseñanza. Shi es como ito en Itosu; to es como iga de Higahonna, los dos leídos a la japonesa, en vez de hacerlo en el dialecto de Okinawa. La creación oficial del Shito-ryu se remonta a 1934, con la publicación de la mayor obra que le concierne, Goshin-jitsu karate-kempo, que ilustra kata de Naha-te y Shuri-te, tal como los había enseñado ltosu y como el mismo Funakoshi practicaba en los primeros tiempos de su aventura japonesa; igualmente se ilustran las técnicas de las armas tradicionales.

El Shito-ryu se difundió, sobre todo, en la zona de Osaka, Kobe y Kyoto, por obra de Ryusho Sakagami, fundador del estilo Itosu-kai (en homenaje al maestro Itosu), Kenzo Mabuni (actualmente residente en Okinawa) y Kenei Mabuni (son sus hijos), de Osaka; Teruo Hayashi (maestro de Satoru Nino, que se encuentra en Francia); Kojiro Tane, de Kobe, fundador del Shukokai, con tendencias eminentemente deportivas, estilo que se dio a conocer en Europa y en Africa por Yoshinao Nambu antes de fundar, a su vez, dos estilos menos competitivos: sankukai y nambu-do: finalmente, Ogashara. maestro de Hidetoshi Nagashashi.

Shito-ryu es un estilo muy bello, suave y movido, incluso excesivamente rico en tradiciones y formas que, con frecuencia, acaban siendo practicadas, olvidándose su contenido original. Se trata, por lo menos, de 40 kata, entre los antiguos del Naha-te y el Sburi-te; los pinan, bassai-sho, kusanku-sho de Itosu; el tensho-no-kata de Miyagi; shihozuki, juroku, napaipo, hanekenko y otros, creados por Mabuni y sus mejores alumnos.

Wado-ryu

Hironori Otsuka (Othsuka) nace en 1892 en la prefectura de Ibaragi (Ibaraki), y fallece en 1982 después de una vida de éxitos habiéndose dedicado a la primera escuela de karate íntegramente japonesa.

A los seis años empezó el estudio del jiu-jitsu con su padre, a los trece pasó con el maestro Nakayama de Shindo-yo-shin-ryu, tercer lemoto (título de patriarca hereditario) de la escuela. A los diecinueve practica también el kempo en Waseda, a los veintinueve obtiene el menko-kaiden, que lo consagra shikan ("para imitar") y sucesor de Nakayama, patriarca de Yoshin-ryu.

Después, en 1922, de haber leído el informe periodístico de su demostración en Okinawa ante el príncipe heredero, conoce a Funakoshi. Se convierte en su discí­pulo más atento. En 1928 empieza a enseñar su estilo de karate, añadiéndole su experiencia del jiu-jitsu y de sus profundos conocimientos de la medicina tradicional con lo que crea el wado­ryu en 1934, y lo inserta inmediatamente en el Butokukai (asociación gubernativa para la educación marcial de la juventud que, en los años treinta, contaba con 3.500.000 practicantes en distintas disciplinas, esparcidos por todo el territorio del Imperio y de las colonias).

El éxito fulgurante, especialmente en los ambientes estudiantiles, se atribuye, especialmente al método de enseñanza moderno y correspondiente a la mentalidad japonesa, que conlleva agilidad, movimiento y empleo de las técnicas de esquivar. El Wado-ryu Karate-do ­Renmei aglutina hoy al 25 % de los practicantes japoneses y tiene filiales en 150 países del mundo.

Las bases técnicas de este estilo tienen tres principios (sani-tai); ten­iai, la adaptabilidad de la posición, ten-tai, la alternativa de los pesos; ten-gi, la aplicación de la técnica. Las defensas que lo caracterizan van siempre ligadas a un contraataque contra los puntos vitales del cuerpo (kyushu), y acaban con el derribo del adversario (herencia del jiu-jitsu). Se inspiran en tres principios: na­gasu, "absorber como el agua"; inasu "dejar pasar"; noru, "encadenar el ataque".

Otras escuelas

El karate arrastra consigo la anarquía del kung-fu. Este último, además de ser muy antiguo, ha nacido, se ha desarrollado y ha alcanzado su decadencia en un país inmenso, llano y, en consecuencia, con comunicaciones fáciles. En el kung-fu, la elección que cada sifú tenía que hacer, en el principio de su carrera, era recubrirse con el nombre prestigioso de la escuela donde había estudiado o dar un nombre a sus técnicas. Generalmente, se decidía de acuerdo con consideraciones comerciales. De ordinario, el nuevo nombre de una escuela representaba la síntesis de las distintas escuelas estudiadas por el profesor, con las aportaciones personales que aseguraban una evolución del Arte. Pero muchos sifú enseñaron simplemente más estilos (dos, tres, hasta incluso ocho o diez estilos externos, y uno o dos internos). Actualmente sobreviven en China 300 estilos externos, es decir, de combate, y ocho internos que cuidan esencialmente la energía, o chi. Con tal variedad, es de gran dificultad organizar federaciones o, por lo menos, unidades de práctica y estructura de lucha, pese a la buena voluntad de algunos.

El karate acusa esta herencia y en el Japón florecen, por lo menos, 40 escuelas, muchas de las cuales buscan estabilidad y seguridad, difundiendo su organización en el extranjero. En Okinawa, la voluntad de defender la tradición ha hecho revivir las ya agonizantes escuelas locales. En Corea, la firmeza del gobierno ha impuesto la unificación, casi total, de las escuelas de karate, que se presentan al mundo bajo el nombre de tae-kwondo y, de esta manera, tienen mayores posibilidades de ser aceptadas en los Juegos Olímpicos e, indirectamente, promocio­nan el estado coreano.

La antigua Corea tenía, como todas las naciones, un método propio de combate, llamado faran-do, que empleaba los golpes con el pie (ha­ruchiki), la mano (sonchiki), la rodilla (murupuchiki), el hombro (okechiki) y la cabeza (bacchiki). Y, naturalmente, técnicas con las armas, que llegaban hasta el uso del penacho del yelmo (oportunamente atiborrado de plomo) para golpear al adversario.

Hace 2.000 años llegó el Shaolin ­tsu kempo, que se mezcló con los elementos indígenas para dar vida al taiken (siglos XI a XIV). Luego se produjo una decadencia general y, por último, la ocupación japonesa en la Segunda Guerra Mundial; estos hechos hicieron florecer escuelas derivadas del karate (tae-kyon, tang-su, kong-su, kwan-pep, tae-su) y del apkido, extraña mezcla de aikido, judo y karate. Fue el general Choi­-hong-li quien unificó las tendencias en el tae-kwondo, y sólo el tang-su-do logra mantenerse más o menos independiente de las pesadas presiones del poder.

En el Japón, el Kyokushin-kai merece una referencia por su espectacularidad. El coreano Yung-i-choi, después de haber estudiado el goju de Yamaguchi, se aisló durante dieciocho meses en la montaña, bajando de ella para hacer una gira por América, donde presentó increíbles shiwari (demostraciones de rompimientos) sobre madera, jarros, ladrillos, piedras, guijarros de río, etcétera, completando sus exhibiciones, en 1953, con un combate que duró 35 minutos, contra un toro de 600 kg, que llegó a herirlo.

Era la reedición del histórico combate que 300 años antes había puesto en escena Jujutsuka Sasagawa Shigezo. En la cresta de la ola de tanta celebridad (los filmes de sus proezas daban la vuelta al mundo), fundó el Kyokushinkai, u Oyama-ryu, aportando modificaciones al goju, pero sobre todo exigiendo durante algunos años a sus seguidores durísimas pruebas de examen (100 adversarios con los que enfrentarse en kumíte para el tercer dan) y una variedad de pruebas espectaculares que superar (el salto de un automóvil en plena carrera, detener a alguien armado de una espada con las manos...). Los combates se desarrollaban al K.O.

En una decena de años, el entusiasmo inicial se fue aplacando y hoy sólo sobreviven algunas pequeñas representaciones de esta escuela en los EUA (Kenji Kuroshaki), en los Países Bajos (el ex-judoka Jon Blu­ming) y en Francia (Alain Setrouk).

En Okinawa se fundó, en 1956, la Okinawa Karate-kobudo Renme¡ sucesivamente presidida por Choshin Chibana, Seitoku Iga, Kenshei Ha­nashiro y Kanei Uechi. Permitía a cada uno de los maestros otorgar grados hasta el cuarto dan, sobrepasado el cual había de actuar el Consejo. Pero la convivencia con las grandes organizaciones japonesas no ha agrietado su estructura y, sobre todo, los practicantes de Ryu-kyu sienten la necesidad de medirse en competiciones deportivas, lo que significa formar parte de organizaciones de ámbito mundial.

En este clima abundan las acusaciones: en Okinawa se culpa al Japón de haber robado un arte tradicional para convertirlo en motivo de orgullo delante del consenso deportivo mundial; a esta acusación se responde sosteniendo que, durante la ocupación americana, los okinaweses inflacionaron el mercado a favor de los G.I. ocupantes. Sólo Uechi-ryu mantuvo la fama y la seriedad.

Las escuelas de Okinawa que aún hoy gozan de una cierta fama (además de Uechi-ryu) son todas Shorin o Shuri-te:

Sukunai-hayashi-ryu, fundada por Honnan Shoken (1889-1973), alumno de Nabe Matsamura.

Kobayashi-ryu Shorin-ryu fundada por Chosin Chibana, o Cojin Kuba (1885-1969), discípulo de Itosu y Hanshi, del butokukai japonés, cuyos alumnos más importantes son Higa Yuchoku, Miyahira Katsuya y el alumno externo Nakazato Shugoro convertido en jefe de escuela. El alumno interno Ochiro enseñó a Kinjio Hirochi, autor de los kata shi­hozuchi y shihoguer, derivados del seisan.

Matsubayashi-ryu Shorln-iyu, de Shoshin Nagamine (1907-1937), alumno de Choshin Chibana, Tat­suo Shimabuko y Ankichi Aragaki, que a los 19 años inventó (bajo el modelo chino) tsumasaki-geri, golpe con la punta de los dedos de los pies. Le sucedió su hijo Takayoshi Nagamine.

El deporte

El karate "Mano Vacía" nació en el Japón, después de 1920. El gran público japonés lo descubrió alrededor de los años cincuenta, cuando empezaba a difundirse en Occidente (Europa y EUA), hecho en el que influyó la ocupación militar del archipiélago japonés.

La historia del deporte del karate es aún más reciente. Tiende a superar escuelas y estilos y a valorar las federaciones. La primera asociación japonesa de karate fue presidida por Funakoshi y se fundó en 1949. Poco después, Murakami y Mochizuki iniciaron la enseñanza profesional a italianos y franceses, obteniendo el favor del público, que hallaba en esta disciplina los olvidados valores de la lucha y el boxeo.

Recordemos la federación Francesa de Karate, fundada en 1954 por Henri Plée y, en 1957, a la muerte de Funakoshi, los primeros Campeonatos Universitarios del Japón, que tuvieron carácter de acontecimiento nacional.

En 1964, gracias al ministro de educación, se fundó en el Japón la All Japan-Karate-do Association; se precisó la intervención de las autoridades para hacer coincidir los intereses de los profesionales en un único organismo práctico y eficiente, en vista de las grandes organizaciones internacionales. Igualmente, en Europa (Delcourt) aparecia la UE.K. (Unión Europea de Karate), primer paso hacia una organización de ámbito mundial.

Las minorías tradicionales aún resisten; ciertamente, de lo que se trata es de hallar un justo equilibrio entre una práctica deportiva universal y la protección del patrimonio tradicional representado por los estilos, manteniendo en su lugar a América que, en su exhuberancia, propone innovaciones que rompen demasiado bruscamente el espíritu de la vieja disciplina.

Los estilos que actualmente son representados en el Zen Nippon Ka­rate Renmei (All Japan Karate-do As­sociation) son:

- Shotokan, con las federaciones Kakusei Renmei, Chidokan, Wado­kai, Shokotai, Nippon-karate Kyo­kay.

- Goju, con las federaciones Goju­kai, Shinto-kai, Kyokushin-kai, Taishu-kai, Ouchi-kai.

- Shito, con las federaciones Shito­kai, Shuko-kai, Itosu-kai, Kenyu­kai.

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Álvarez Ruiz-Huidobro, José Ramón

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